martes, 29 de septiembre de 2009

QUIERO CRUZAR LA FRONTERA / DE UN PAÍS QUE YA NO EXISTE









“QUIERO CRUZAR LA FRONTERA/ DE UN PAÍS QUE YA NO EXISTE”
EXCUSA PARA UN RELATO: INFORME DE UN ACTO POÉTICO FALLIDO UN 18 DE SEPTIEMBRE EN LA RIBERA DEL BÍO BÍO
Paulo Meyer & Bárbara Villela
1.-Luego de la Batalla de Curalaba en 1598, la Capitanía General del Reyno de Chile asumió como frontera con el pueblo mapuche el río Bío Bío, el gran río, Fütalewfü: de facto, el Imperio Español reconocía la autonomía territorial de la nación mapuche. Durante un par de siglos, esclavos, mestizos, comerciantes, prófugos y aventureros cruzaron sus aguas hacia el país de Wallmapu en busca de una libertad mayor a la que se respiraba en la colonia criolla.
2.- Germán Estrada Fricke, Dj Negropésimo, nos ha invitado a Concepción al lanzamiento de su nuevo local, El Bar del Frente, “decorado” con ampliaciones de dos series de dibujos “folklóricos” de mi autoría, “Cuecas y Décimas” (2007) y “El Diablo en Concepción” (2009).
3.- Aprovechando la coyuntura y provisto de este imaginario romántico, me preparo para encarar mi propio cruce de la Frontera del Gran Río, consciente de que se trata, literalmente, de una utopía. Como enunciado, surgen dos versos octasílabos: “quiero cruzar la frontera/ de un país que ya no existe”. Cómo, con qué medios, se verifica el intento de cruce y de escape hacia esa ribera chúcara, ese mundo libre que estuvo antes de los puentes y carreteras pacificadoras? Parece casi el viaje al otro mundo. Y mi imaginario romántico sólo conoce un medio para enfrentar esa peripecia ulterior: la nave.
4.- Mi motricidad fina es bastante limitada y mi infancia fue más pródiga en lecturas que en destrezas infantiles básicas. Descargo de internet un manual para hacer barquitos de papel pero fracaso en el intento. Sólo Bárbara me puede ayudar. Y lo hace. Ya instalados en el Bar del Frente, nos encontramos no sólo con mis dibujos ampliados ocupando escenario, muros, puertas, mesas y las botellas de cerveza “Rebelde”, sino que, por supuesto, en flyers. Este es el material apropiado y Bárbara me enseña a construir los bar- quitos para ir al –frente.
5.- Viernes 18 de septiembre de 2009, una población en la comuna de Chiguayante, ribera norte del Bío Bío. Descendemos hacia la orilla del río para ejecutar nuestro “proyecto” fluvial, mientras grupos familiares de clase media elevan volantines. Un quiltro grande y lanudo que duerme en la calle se despereza y nos acompaña voluntariamente. Al llegar al borde de la corriente, comenzamos a fabricar los barquitos, pero el perro reclama nuestra atención: llora, escarba en la arena y se mete al río, donde bucea en busca de grandes piedras y ladrillos, las cuales extrae y deposita sobre la arena, sólo para volverlos a arrojar al agua. Es un comportamiento desconcertante, traumático o traumatizado, repetitivo, exhaustivo y obsesivo. El Bio-Perro, así lo bautizamos, es una especie de arqueólogo enloquecido. Y se roba la película: nuestros intentos de arrojar a la corriente del río nuestros barquitos de papel sucumben no sólo a los fuertes remolinos de la orilla sino que también al implacable control del Bío-Perro. Así, nuestro deseo de cruzar navegando la mítica frontera naufraga irremediablememte. Testimonio de nuestro fracaso es un barquito de papel que dejamos en la rama de un sauce de la orilla, al modo de esos volantines caídos que parecen florecer en el follaje de los árboles de septiembre.

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