viernes, 13 de febrero de 2009

ELVIS (2006) Óleo s/ tela 60 x 90 cms.



Este cuadro fue mi último encargo y tampoco lo terminè ni lo entregué pues no quedé conforme con el resultado. El cliente era un dentista que casi me mató, física y económicamente, y que pudo ser mi mecenas si mi terquedad no lo hubiese impedido. Elvis representó mi adiós a la pintura durante casi dos años.

LOS ELFOS (2005) Acrílico s/tela 60 x 80 cms.



Este cuadro me fue encargado por una amiga: otros de esta serie onda céltica-vikinga se hallan repartidos, alguno incluso hasta en las Europas, oiga. La inscripción rúnica, traducida, dice: “salud a los amigos de los elfos”. Interrumpí la pintura del cuadro y, por supuesto, su entrega (para horror de mi estafada amiga) cuando descubrí que la mujer elfa se asemejaba demasiado a la mujer que en ese entonces, y aún ahora, colma mis ansias, léase: me gusta, ya saben ustedes quièn, su nombre empieza con B... Desde entonces, es mi cuadro de cabecera y aunque me ha suscitado algunos dolores de cabeza, jamás (escúchenme bien) jamàs lo venderé.

BITÁCORA EN VALDIVIA (2004) Técnica mixta s/ tela 110 x 110 cms.



Este cuadro lo pinté borracho y volado (no es un mérito ni ninguna gracia, jóvenes), durante cuatro días en una cabaña en Niebla, a partir de los bocetos que realizé vagabundeando por Valdivia. En mi autorretrato sobresale al fondo el perfil de Corral. El remo rojo fue hecho superponiendo y delineando un viejo remo que hallé en la cabaña. La página con el crucigrama gótico del ganso corresponde a un viejo libro alemán que compré en la feria de las pulgas en Valdivia. Amo ese lugar. Este cuadro anduvo en itinerancia por Chile durante casi un año. Al pasar por Santiago, me enteré por casualidad: nadie me avisó, ni me invitaron al cocktail, cosa que, como todo el mundo sabe, es lo que màs amo de las exposiciones. Las inscripciones manuscriptas son mis delirios mientras pintaba y ni yo soy capaz ya de descifrarlas.